Reseña de la segunda temporada de «Porno y Helado»: elogio de los gags dementes

La segunda temporada de Porno y Helado interroga (faaa, interroga, qué verbo pretencioso), decíamos, interroga con más fuerza el humor absurdo que en la primera temporada. Esto es: la utilización de diferentes materiales inconexos para hacerlos conexos en situaciones disparatadas.

Así, Porno y helado, desubicada por naturaleza, trabaja con todos los materiales posibles: desde guiños a Nueve Reinas y Volver al Futuro a la cultura rolinga, el adornito de Mar del Plata, la grieta política, la serie Dark y Juego de Gemelas. Eso que se llama académicamente intertextualidad, pero que acá lo llamamos, también académicamente, “porque se les cantó la reverenda gana y quedó genial”. Un Family Guy vibes en forma permanente.

Sí, claro, la temporada 2 tiene un arco narrativo y hay una continuidad respecto a la primera temporada respecto al leitmotiv de la canción Porno y Helado y el triángulo surrealista de amigos, pero son los intempestivos gags los que le dan sentido a esa narración, unos gags que en muchos casos se burlan de la corrección política de esta época y en otros se mueven en ese largo andar del humor sobre la nostalgia. A esto se suma un novedoso registro musical que tiene a Diego Uma y Martín Bosa al frente (todos lloramos como el personaje Ramón al escuchar “Atleta del amor”. Bueno, no, pero es buenísima). 

Está genial que en esta época de producciones enlatadas exista Porno y Helado. Que se ría de todo. Sobre todo de ellos mismos.

Escribir poesía es una broma muy seria

Alan Pauls dijo alguna vez que Borges y el chileno Roberto Bolaño comparten un programa, una dirección: la de leerlo todo. Poeta chileno, la hermosa novela de Alejandro Zambra se mueva en ese loco afán de lectura: querer leerlo todo.

Deben disculparme: tengo marcas de lápiz por todo este libro de más de 400 páginas. Me pasó lo mismo con “Los detectives salvajes” de Bolaño. Es que sí, hay links entre ambas novelas chilenas, sobre todo en ese serio y delirante oficio de hacer -y hacerse- poesía. Por algo, claro, son los bicampeones mundiales de ese género.

En la narración se persiguen los modos de la poesía, pero también los modos de la paternidad, la ternura, la educación sentimental, el amor, la sexualidad y los odios, en un mundo de mierda que se cae a pedazos. Lo más extraordinario del libro es la duda. Dudar como programa de vida.

Si “Los detectives salvajes” marca un estilo clásico y vanguardista a la vez -síntesis del boom latinoamericano y de lo ‘borgeano’- Zambra se la juega en esa misma geografía con sus propias formas y audacias.

Es que escribir poesía, sabemos, es una broma muy seria.

Leamos todo. Y lean “Poeta chileno”.

Miles por Miles: entrevistas y encuentros con Miles Davis

En 2019, Letra Sudaca Ediciones sacó el libro Miles por Miles: entrevistas y encuentros con Miles Davis, que reúne varias de las entrevistas que ofreció Davis por más de treinta años de carrera. Contiene una entrevista muy significativa hecha por Ben Sidran, en enero de 1986, donde Miles afirma que la forma de tocar de Bill Evans fue fundamental para darle forma a Kind of Blue y que, en esa época, el pianista solía mostrarle música de Ravel, como el “Concierto para la mano izquierda”.

Dice Miles: “Estábamos explorando ese tipo de música, como Ravel, que componía una sonoridad únicamente con las teclas blancas del piano. Fue simplemente esto. Era lo que había que hacer, entendés lo que digo. Como pasa con los arquitectos, de repente están todos haciendo círculos, como Frank Lloyd Wright. Todos estaban buscando lo mismo al mismo tiempo. De alguna forma fue Bill, pero a la vez estaba hecho para Coltrane, algo así”.

Davis llegó a decir que toda la música de Kind of Blue era suya y suyo también era el concepto. “Lo que hizo Bill fue atraer mi atención sobre ciertos compositores clásicos y estos influyeron sobre mi”. Ciertamente, además de Ravel, Evans le había transmitido la info sobre Rachmaninoff y el pianista Italiano Arturo Michelangeli.

Pero, tal como se especifica en el libro de la creación de Kind of Blue, Evans tiene dos coautorías en el álbum, en “Blue in Green” y “Flamenco Sketches”, dos obras de música en miniatura. De hecho, si se escucha la canción “Peace Peace” de Evans, grabado pocos meses antes, se escucha la base de “Flamenco Sketches”. Qué hermosos temas, por favor.

En otra entrevista del libro, el trompetista dice que Evans toca el piano “como se tiene que tocar” y hace la diferencia con otro músico suyo de la época, Red Garland: “Red lleva el ritmo, pero Bill toca lo mínimo y eso me gusta más”. Agrega Miles en su autobiografía: “Bill poseía aquel fuego oculto que a mi tanto me gustaba en el piano. Su manera de enfocar los temas, qué cosa. El sonido que conseguía , como una sucesión de notas de cristal o como agua espumante cayendo por una límpida cascada”. Kind… fue la última grabación que hicieron juntos.

Recomendación: «Biblioteca personal», de Jorge Luis Borges

“Biblioteca personal”, de Jorge Luis Borges (Alianza Editorial, 1988) es un libro que trabaja sobre la materia de la que estaba hecho Borges: como lector.

En el prólogo, Borges escribe: “No sé si soy un buen escritor; creo ser un excelente lector o, en todo caso, un sensible y agradecido lector”. De este modo, toma alrededor de 70 libros, les da un prólogo y de esa manera cierra el círculo que lo acompañó toda su vida.

Allí, Borges, dirá que un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Cada prólogo no sólo habla del autor en particular abordado —por caso Dostoievski, Conrad o Leopoldo Lugones— sino que hablan, en el despliegue de ideas, del propio Borges y sus símbolos. Escribir sobre otro es escribir sobre uno mismo.

Hay un concepto que dice el mundo no está hecho de las cosas, sino de los hechos. Este libro le incorpora un sentido más: el mundo no está de las cosas ni de los hechos, sino de las historias, de las lecturas.

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Sudestada, de Gustavo Cerati

Hay un tema del disco “Siempre es hoy” de Gustavo Cerati que, particularmente, me conmueve cada vez que lo escucho. Que los arreglos hermosos del piano fueran de Carlos Alberto García lo supe después, cuestión que la mano delicada de Charly en el piano de cola -arreglos por momentos muy Debussy en las octavas altas- no intervinieron en la sensibilidad original al escucharla. Decía, entonces, que ese tema para mí, «Sudestada», marca la melodía y la lírica poética de Cerati a fondo. Ese tempo lento del bajo de Fernando Nalé como una ola hacia atrás. Esa explosión eléctrica y estéreo del tema en un estribillo sin letra, soltando acordes con furia medida. Esa letra: trataba de explicar que ya no hay vuelta atrás. A ver. A ver si aclara. Y también: Afuera mis entrañas. Adentro sigue en calma. Hace poco se cumplieron 20 años de ese discazo, un álbum muy enfático en lo sampleado, con mucha intervención del recordado Flavio Etcheto. Larga vida a Siempre es hoy. Gracias totales, Gustavo.

El oro de los tigres: el amor y sus contrarios

El Borges de la ceguera final, que él pone como fecha tentativa hacia 1955-1956 a pesar de que siempre verá algún color, trabaja sus poemas con estructuras más propicias a la memoria y la sonoridad.

En “El oro de los tigres” aborda una mayoría de poemas con versos endecasílabos sin rima y sonetos. Este concepto está ya desde los poemas homéricos. En aquel caso, el hexámetro en griego antiguo permitía a los aedos y rapsodas cantar de memoria La Ilíada y La Odisea y desplazarlo en el tiempo (e incluso ir escribiéndolo, si nos orientamos a la idea de un autor colectivo y no a un ‘Homero poeta’). Y la memoria da una sonoridad angular. Este Borges de El oro de los tigres es, entonces, memoria y sonoridad, pero también lirismo y recurrencia, ya que están los ‘temas borgeanos’ por antonomasia, empezando por el tigre, su animal mitológico.

Más allá de que en algunos poemas pierda fuerza al extenderse en el verso libre, Borges deja aquí versos memorables. ‘Sólo pido las dos abstractas fechas y el olvido’; ‘La meta es el olvido. / Yo he llegado antes’. O ‘Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo’. Este Borges poeta gana en la concentración del verso.

Por otra parte, Borges logra en los Tankas un momento lírico muy elevado. El sexto tanka funciona a la vez como una definición biográfica y poética: “No haber caído, / como otros de mi sangre, / en la batalla. / Ser en la vana noche / el que cuenta las sílabas”.“Lo que parece una disminución provocada por la estatura de sus antepasados -sobre todo del glorioso coronel Isidoro Suárez, héroe de Junín- es la presentación de su batalla, de su sangre: la literatura. En cinco versos hace del pasado un arma futura.

“El amenazado” por supuesto está entre los poemas centrales del libro: la repetición whitmaniana, la retórica, el uso de versos paralelos, esa forma de exaltar el amor y sus contrarios.

Sharon Olds: la poeta cargada de futuro

El cuerpo es el territorio de Sharon Olds: desde allí la poeta de San Francisco escribe desplazándose como un descubrimiento, una agitación sin fondo, una nadadora del vientre materno.

Como en el poema “La charla”, uno de los primeros de su libro “La materia de este mundo” (@gogymagog, traducido por @garlandines y @nachoditullio): “En el oscuro cuarto de madera al mediodía /la madre tuvo una charla con su hija. / La grosería no podía seguir, la maldad / con su pequeño hermano, el egoísmo. / La niña de ocho años se sentó en la cama / en un rincón del cuarto, los iris destilados como / las última gotas de algo, su cara / terca derritiéndose, avergonzada, / destellos plateados en los ojos como agua / distante que se vislumbra / a través de los bosques. / Aguantó y aguantó hasta quebrarse y gritar / ¡Odio ser una persona! Y se zambulló / en su madre / como / en / un estanque profundo -y no sabe nadar, /la niña no sabe nadar”.

Los remates de Olds dejan sin aire, hace sonidos de la piel. La madre, el padre, ocupan un lugar de distorsión de la vida, pero a la vez de técnica poética: es a través de esas figuras que Sharon Olds narra la materia del mundo. Nada importa si es o no poesía testimonial o autorreferencial: lo que importa es el poema. Siempre lo que importa es el poema.

En unos versos habla de los poemas pesados como presas de una caza furtiva colgando de sus manos. Ella, sus manos quiero decir, actúan como cazadoras, como en el poema “Vuelvo a mayo de 1937”: la narradora va directamente al momento en que se conocen sus padres en las puertas de la universidad, llenos de libros y amores y cuerpos y deseos. Y quiere acercarse, decirles que no, que no, que no, que no hagan eso que los arrojará al daño. Pero remata: “Hagan lo que van a hacer y yo voy a contarlo”.

Sharon Olds actúa en los poemas como cazadora y presa, furtiva, cargada de futuro.