David Bowie: ¿impostor, loco, sano, hombre, mujer, robot, qué es?
¿Quién es? ¿Qué es? ¿De dónde ha venido? ¿Es una criatura de poderes extraterrestres? ¿Es inteligente, estúpido, se porta bien con sus padres? ¿Es real, un impostor, loco, sano, hombre, mujer, robot, qué es?
Las preguntas que en 1974 presentaban a David Bowie en una entrevista en TV pretendían definir el planeta Bowie, pero lo único que hacían era irse por satélites equivocados.
Porque la clave no es la acumulación de preguntas, sino precisamente su carencia: no hay preguntas para lo inclasificable. O, mejor dicho, qué importan las preguntas cuando todo se mueve. Porque Bowie es eso, movimiento, olas que llegan a orillas marcianas y todos los adjetivos que quieran, sí, pero también, abajo de todo esa extraordinaria bestia pop, de ese semen glam en su cuello, hay alguien que está buscando y eso es todo.
Y eso, joder que es todo. ¿No es acaso el futuro la literatura del que busca, del que persigue lo invisible? Moonage Daydream, el documental que llegó a HBO Max, persigue a Bowie que se persigue a sí mismo en la pantalla y allí, en su propia voz, vibra Ziggy, el duque blanco, Aladdin Sane, el Major Tom, sus nacimientos en edenes paganos y rockeros, sus muertes bígamas, en fin, todo cuanto imaginó la imaginación de Bowie, de este viajero beatnik del tiempo danzando en estrellas muertas danzarinas.
En 1952, en el entierro de Macedonio Fernández, Borges dijo que definir a Macedonio parecía una empresa imposible; es -señaló- como intentar definir el rojo en términos de otro color. Decimos nosotros: definir a Bowie es como intentar definir al propio Bowie en términos de otro color. Un despropósito.
El documental finaliza con Bowie reflexionando: “Todas la gente, sin importar quién sea, siempre desearían haber disfrutado más la vida. Es lo que haces en la vida lo que importa, no cuánto tiempo tienes ni lo que quisieras haber hecho. La vida es fantástica”.
No importa cuánto tiempo, sino el tiempo que inventamos. Y lo que se inventa reverbera, pasa y se va. Y está bien.
Está bien.
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